(La Jornada – José Agustín Ortíz Pinchetti) Comparto con ustedes, amigos dominicales, una experiencia que seguro también han padecido. Mi vinculación con el movimiento de AMLO ha tenido un costo: el distanciamiento de amigos y parientes. Esto se debe a la polarización que vive la sociedad mexicana. Nuestras diferencias ya no pueden resolverse con el diálogo. Hay rabia, odio y negación que nos están separando y que puede tener consecuencias futuras graves. Y no me refiero a “desilusiones” respecto de los intelectuales oportunistas. Ni siquiera de los panistas que han traicionado todos los principios fundatorios del partido. Me refiero a gente entrañable y en muchos casos sincera: mi grupo de la universidad, colegas, amigos fraternos, camaradas en la lucha por la democracia. Algunos, al establecerse confortablemente, sienten repugnancia por el cambio que ya se intuye como inevitable y se incorporan a la reacción.
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