(La Jornada – Editorial) Ayer, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio a conocer, en su Panorama de la educación 2008, que México invierte en promedio 2 mil 405 dólares por alumno, cifra que lo coloca en el último lugar de los países miembros del organismo. Este dato pone en relieve el lugar marginal que la enseñanza pública ocupa dentro de las prioridades de este gobierno y los anteriores. En efecto, las recientes administraciones han apostado no por una sociedad preparada y capacitada, sino por una población que sea barata para el gobierno y que resulte, por añadidura, atractiva como mano de obra para las inversiones extranjeras, aunque ello implique privarla de la educación y la capacitación adecuadas. Tal circunstancia provoca que carezcan de sustento los exhortos por insertar exitosamente a nuestro país en el concierto económico global: sin educación no hay economía competitiva.
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