(El Universal) La sesión del Senado para aprobar la reforma energética tuvo lances de batalla campal. Una sesión sui generis, histórica, entre mentadas de madre, zancadillas, golpes, secretarios de Estado en faena y diputados golpeados que vieron nacer la reforma.
La sede alterna, en el piso cinco de la Torre Caballito, tuvo espectáculo de dos pistas:
En un lado, diputados federales perredistas y simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador, infiltrados, arremetieron para impedir la ansiada reforma del gobierno.
Pero se toparon con la Policía Federal Preventiva (PFP) dentro del recinto senatorial improvisado, que acudió a petición del presidente del Senado, el panista Gustavo E. Madero, y con mariscal de lujo: el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, quien incluso en mangas de camisa empujó sudoroso a la turba.
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