Como cada mañana, Gloria Aguilera Hernández despidió con un beso a sus dos hijos y a su esposo. Nunca imaginó que aquel beso que les dio el 26 de septiembre de 2008 sería el último. Los tres, trabajadores de tránsito de Monterrey, desaparecieron ese mismo día. Fueron levantados y ahora forman parte de la fría estadística de …
Leer la noticia en La Jornada | “Me llaman necia por exigir que me devuelvan a mi hijo”
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